jueves, 28 de enero de 2016

Cómo el cerebro puede convertirse en una peligrosa arma en manos de militares o terroristas

Informa el portal francés 'Atlantico'.

La posibilidad de tomar el control del cerebro de otra persona ya no es solo una cuestión de ciencia ficción, afirman los científicos.



La neurotecnología es considerada como una herramienta de doble uso, lo que significa que además de servir para resolver problemas médicos, también puede ser aplicada o desviada para fines militares, informa el portal francés 'Atlantico'.

"Un biólogo se atiene a la ética científica, garantizando que los resultados de sus investigaciones no sean distorsionados por otros. Pero en un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, no se excluye la posibilidad de que individuos malintencionados pretendan tomar el control de los cerebros de otras personas", afirmó el profesor de neurociencia de la Universidad de Aix-Marsella (Francia) André Nieoullon.

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Según el profesor francés, existen dos formas de interferir en el comportamiento de otra persona. "Hace algunos años atrás científicos estadounidenses ya lograron que dos primates movieran un objeto virtual a través de electrodos implantados en las áreas encargadas de la actividad motora del cerebro. Esto también ya se ha experimentado en personas", agregó.

¿Cómo interferir el cerebro de otra persona?

"Ahora imagínese un avión controlado por el pensamiento. El piloto y su copiloto pueden compartir sus responsabilidades, pero no hay garantía que las acciones de uno de ellos no entre en conflicto con el del segundo. Las consecuencias no son difíciles de imaginar", señaló el catedrático.

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El segundo ejemplo es "más realista", ya que incluye métodos terapéuticos habituales. "Algunas patologías tales como el temblor y trastornos de movimiento derivados de la enfermedad de Parkinson pueden ser tratados eficazmente con electrodos de estimulación neuronal implantados en el cerebro. Esta técnica se ha empezado a aplicar en el tratamiento de otras enfermedades, como algunas formas de depresión", explicó.

Pero estos avances también demuestran que es posible distorsionar el comportamiento de los pacientes. "Es necesario tomar todas las precauciones para garantizar que la neuroestimulación no sea utilizada para cambiar la personalidad o inducir comportamientos no deseados. Un ejército de personas neuroestimuladas al servicio del fanatismo tendría consecuencias inimaginables", advirtió Nieoullon.

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