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Descubren los mecanismos de adicción a la nicotina

Imagen ilustrativa

Ahora sí sabemos por qué no podemos dejar de fumar.



Como parte de un estudio llevado a cabo por un grupo de científicos de China y EE.UU., y encabezado por Inés Ibáñez-Tallon –de la Universidad Rockefeller de Nueva York–, se realizó un experimento con ratones que fueron sometidos a un tratamiento de seis semanas.
Durante ese tiempo los animales fueron alimentados con agua que contenía nicotina, con el fin de descubrir cuáles son las células que responden a ese estimulante. Es sabido que la nicotina influye en los receptores cerebrales que, a su vez, liberan las tan conocidas "hormonas de felicidad", incluida la dopamina.
El interés de los científicos estaba centrado principalmente en dos partes del cerebro medio: la habénula y el núcleo interpeduncular. El experimento mostró que era la segunda de esas dos partes (el núcleo interpeduncular) la que sufría cambios después de la continua consumición de la nicotina, y en la que fueron encontradas neuronas cuyas funciones resultaron afectadas. Estas células fueron denominadas Amigo1 y, según los investigadores, afectan a las dos mencionadas zonas del cerebro, provocando la adicción.
Generalmente, la interacción de la habénula y el núcleo interpeduncular hace que se libere una cantidad menor de "placer", lo cual protege de la adicción, pero la estimulación permanente de las células Amigo1 bloquea este efecto.
Según el informe, publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America(PNAS), los resultados demuestran que los ratones adquirieron una adicción. Para corroborlarlo, en la segunda parte del experimento se les brindó a los roedores la oportunidad de elegir entre dos espacios, uno que disponía de agua con nicotina y otro que no: prefirieron quedarse en el primero, para recibir una nueva dosis de droga.
Los efectos de las células Amigo1 fueron comprobados en experimentos posteriores: al ser disminuidos estos efectos en los animales por medio de ingeniería genética, los ratones se recuperaron de la adicción.
Los científicos opinan que con los seres humanos la situación es similar: mientras más se estimule el cerebro, mayor es la destrucción de los mecanismos de defensa. Según los autores, este hallazgo es solo un paso adelante en el estudio de los efectos que la nicotina produce en las células del cerebro, y confían en que algún día se elaboren métodos de terapia personalizada que estén al alcance de todos.

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